domingo, 1 de abril de 2018

Para quien me lee:

A veces la vida se torna difícil. Y tenemos muchos caminos por recorrer sin saber cuál es el correcto.
Entre las sombras que el tiempo pareciera tener, nos arrinconaremos -si nos es posible- a llorar preguntándonos por qué. Pero otras, muchas otras también nos sentiremos bendecidos, afirmaremos con certeza que la vida es bella y viviremos como aficionados al ver las hojas caer o a los pájaros cantar.
A lo largo de estos años, he  observando cómo es que las personas, en su mayoría, viven desilusionadas y frustradas, con sueños en los que no se atreven a creer. "Son solo sueños", les dicen, se dicen a sí mismos y lo creen. 

Y ahora, me pregunto: ¿Qué sentido tiene no creer, no atrevernos, no arriesgarnos? 

Hay una razón por la cual hacer de cada momento un buen momento: Moriremos... 
Y lo único que tenemos es ahora mismo, este preciso instante que no debemos desperdiciar.

La vida es como un platillo. Con ingredientes que no podemos evadir, ni comprar, ni usar en cada ocasión. Una combinación compleja de sabores, que darán un producto final deseado o no. En el camino, repetiremos el platillo una y otra vez, y cada vez deberá saber mejor... O ese es el punto. Mas la vida no es el plato final solamente, sino el proceso en sí. 
Mi acta de nacimiento dice que nací en 1997. Yo digo que nací cuando me di cuenta de que irremediablemente moriría. Porque, por más obvio que sea para todos, hay quienes viven ignorando esta verdad toda su vida sin haber probado un sorbo del tiempo que tuvieron.
He tenido años difíciles, mismos que me han hecho idear recetas que intento mejorar a cada instante poniendo y quitando ingredientes, para saborearme cada uno de ellos debidamente.

¿Qué es la muerte? No lo sé. Por eso mi afán.
¿El propósito? ¡VIVIR! Vivir gloriosa y descaradamente... 

En esta vida, que es como un laboratorio gigante, he descubierto cosas maravillosas que quiero compartir con quien sea que alguna vez pudiera leer estas páginas virtuales y, tal vez, hacerles ver que nunca estamos solos, y que a veces lo único que necesitamos es crear, errar y corregir nuestras recetas para la vida, mirarnos en el espejo, perdonarnos lo que nos tengamos que perdonar y seguir.